LA CIMARRONERA

 

 

 

 LA CIMARRONERA

Van a caballo,
sigilosamente costeando el bosque que atraviesa el caño,
ansiosos de llegar ligero al claro
donde el ganado cimarrón a veces, suele salir y hasta parar rebaño.

Uno tras otro, en ágiles trotones, la caravana siempre alerta avanza,
Jesús, la buena mecha y el mejor lazo,
Ramón el indio malicioso, “El gato”;
como lo llama le peonada amiga por lo flexible de su cuerpo duro.

– Chit – de improviso dice el delantero, signando en cruz la boca con el índice,

 preciso alerta del que va de caza … – el ganado está aquí -,
cada quien con la suya compañeros, les dice Pedro,
el negro caporal que no le arredran animales fieros ni caños hondos
que en batirse solo forjó su alma de llanero y hombre.

Fugaz y leve brisa mañanera riza silente la planicie verde
colgando en el confín queda un lucero…
ya van corriendo la cimarronera…
y se escucha el tropel huracanado retumbar hacia los cuatro vientos.

En confusión feroz se han confundido vaqueros y ganado,
tiembla la tierra de emoción sublime y cruje el pajonal en la refriega;
“cada quién con la suya”, santo y seña que enardece el espíritu del hombre
en un juego de vidas despiadado.

Se pierden… aparecen… se detienen…..
vibran las tensas sogas a los tirones de las altivas reses cimarronas,
el caballo, afirmándose en sus cuartos, casi pegando belfo y vientre al suelo,
bárbaramente de la cola aguanta, las sacudidas de salvaje fiera.

Aquí una orejana mancornada; mas allá el novillo semiahorcado cae;
y en la costa del caño, preso en el hábil lazo del soguero,
mugiente, enfurecido, tonante  Júpiter del llano adentro,
terror de la llanura sempiterna, indócil a la fuerza y a la maña,
el toro cimarrón,
al que sólo acarician las verdes ramas de la selva llana y el gavilán chillón,
largo bramido de iracundia lanza cuando lo echan al suelo de un tirón.

Mientras por el azul ancho del cielo
dilata su sonrisa la mañana ensartando en las almas nuevo anhelo
Pedro, el negro caporal les dice:
mañana volveremos, compañeros…

Diciembre, 1.934

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Llaneros, Poemas de Pedro Rodriguez Ortiz, Todos los documentos y etiquetada , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s