CARTA A GISELA

                                    
    CARTA A GISELA

Gisela de mi alma, tan mimada y tan buena,
cuanta dulzura siento cada vez que te nombro,
tu nombre que es caricia, malabar y azucena,
sobre mi vida triste que el dolor hizo escombro.

A mi camino lleno de piedras y abrojos
lo alfombró tu cariño con manos de piedad;
ya mis plantas no sangran, ni voy en orfandad,
abrazado a tu cuerpo, voy con luz de tus ojos.

Gisela, tan querida, tan mía únicamente
con la miel de tus labios quitaste mi amargura,
ya mi alma y la tuya son una solamente
y están nuestras dos vidas radiantes de ventura.

Como te llevo adentro pegada a mi destino,
a mi sangre, a mi cuerpo, que todo entero es tuyo,
ya no le tengo miedo al áspero camino,
si en mis tinieblas eres luciérnaga  y cocuyo.

Dios te lo pague, ¡Oh linda! que torciste mi rumbo
y con dulces palabras aliviaste mi pena;
mi carga de pesares en el olvido zumbo
para que nada turbe nuestra dicha tan plena.

Nada ansío que no sea tu amor y tu caricia,
tus besos que son míos, tu cuerpo y tu fragancia
donde has dado un mundo de divina delicia
y otra vida florece con singular prestancia.

                    25 de abril de 1.946

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