ATARDECER

  ATARDECER

La tardecita sobre el cardonal
rompía su manto de sedería….
balido leve, dulce y cordial,
de una ovejilla sólo se oía.

Por el sendero del abrojal,
que la llovizna humedecía,
íbamos juntos, bajo el triunfal
cielo amoroso, que nos cubría.

Bella tarde para el poeta,
su linda amada, tierna y coqueta
como la brisa que los arrulla
y a la floresta perfuma y mece;
a cada instante, decir parece,
quiérela mucho porque es muy tuya.

Campito de Juan, 30 de junio de 1.946

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