TEMPESTAD

TEMPESTAD

En una potranca negra
como vientre de carbón,
la noche viene llegando
con cautela de ladrón.

Rodea por la montaña
del apacible poblado;
rodea por la sabana
donde el ganado se acuesta
en sus colchones de paja.

¡Trae una cara, mi amigo
cómo de suegra enojada!
Por los lados de Mata e´ Maya
ya comenzó la parranda…

Los tambores del trueno
suenan insistentemente
y cruzan el ancho espacio
mil culebrones de fuego
que estallan como cohetes…

Dice la gente de antaño,
y también mucha de hogaño,
que esas son señas siniestras
para que el Diablo concurra
con su cohorte de diablesas.

La luna no apareció…
debe estar muy disgustada,
porque le miró la espalda
un viajero enamorado
cuando muy tranquila estaba,
dándose un baño de luz
en su viejo rostro ajado…

 Todo parece metido
en un cajón sin rendijas
de lo oscuro que está el mundo.

El viento huyó de estos lados
ni una pajita se mueve,
ni se oye pitar un toro
ni el relincho de un caballo,
ni el bramido de un becerro
que ande buscando su madre.

Bajo una gran capa negra
parece que todo ha muerto…
ni los pájaros nocturnos
abandonaron sus cuevas
como si un mal presintieran…

Solo cruzan las tinieblas
fulguraciones eléctricas
en incesantes descargas
que abren unas brechas blancas
en la apretada negrura
y dejan ver la sabana
dormida en mar de silencio…

Hasta el perro de la casa
que ladra duro y sin miedo,
en un rincón, amoscado,
me mira con ojos tristes
meneando solo su rabo…

¡Santa Bárbara, Dios mío,
me encandiló el fogonazo
de puro cerca que fue!
y en mi carrera pa’ dentro
con el pecho me llevé
de un envión el tinajero.
Los oídos me quedaron
sonando como un bordón.

Jamás he sentido miedo
ante nada en este mundo,
¡pero esta noche si tengo!
yo solo estoy levantado
nadie mira para afuera,
temiendo ser fulminado.

Con la cabeza tapada
en sus hamacas están,
como sogas enrolladas
los llaneros de El Caimán.

Corriendo voy a encenderle
una vela a Santa Bárbara
y otra a La Coromoto
pa’ que se lleven al Diablo
y su cohorte de diablesas
a parrandear al infierno…

De por los lados del río
se escucha un rumor que avanza
como de viento con agua
que despertó los ganados…
es el agua bendecida
que manda Dios a la tierra
para que calme su ira
y el Diablo con sus diablesas
se vayan a los infiernos…

 Ya comenzó el aguacero;
mañana amaneceremos
como los peces del río
lavaditos, sin pecados,
de tanto rezar sabroso
en esta noche siniestra.

A malaya un palo e’ ron,
un cuatro y una bandola,
pa’ darle gracias a Dios
cantándole una chipola.

Hato El Caimán, Portuguesa,
31 de octubre de 1.959

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