ALBA EN LA LLANURA

ALBA EN LA LLANURA

En el clarín de gallo apunta el día,

llena la casa matinal frescura,

alzada en un rincón de la llanura

a la margen de un caño,

que corta con su sierra de arbolado

en dos ricos pedazos, la fúlgida

esmeralda de los pastos.

Comienza a despertarse la peonada

saltando alegre de las colgaduras,

entre chanzas y risas,

que uno y otro se dicen presintiendo la jornada.

En pocillos de peltre, humeante, oloroso,

su aroma esparce el café colado;

mientras la silla, sobre el recio lomo

de la bestia asegura el correaje.

Cantada con mordiente picardía

una copla revienta en la quesera,

es Ramón despechado por María,

fruta en sazón que envidia pajarera.

Colgando de la rústica coraza,

Como estrella de vividos reflejos

brilla la soga, astutamente lista

como serpiente al salto y la picada;

pero más brillará, será más bella,

cuando su lazo corredizo aprete

la media testa de lustrosos rizos,

de aquel negro orejano

que en sus andanzas de Don Juan campestre,

topamos una noche fría y oscura

en el paso del Duende del Totumo;

y fue tan grande el susto,

que la piel como erizo se nos puso

creyendo ver del diablo la figura.

Cordel de cuero crudo retorcido

gala del habitante de los llanos,

arma precisa en el certero brazo

del peón sin miedo que engendró el coraje.

Vamos a Roblalito, – dice uno -,

de tez morena y arrugado ceño,

es caporal sin sueldo de dos hatos,

desde que era pequeño

conoce de esta vida los mandatos;

bebe agua en su cacho,

de la misma que bebe su caballo;

porque afirma, lo dice con orgullo,

en eso de retar siempre al peligro,

hombre y caballo son en esta tierra un solo corazón…

De suaves tintes va tiñendo el alba

el techo azul que cubre la sabana:

Allá van los vaqueros, rumbo abajo;

las coplas como garzas van soltando:

unas blancas, otras rojas, otras grises;

pero en los ecos que nos van llegando

tiembla el dolor del hombre sin cansancio

que ama y sufre, pero nunca llora,

porque al nacer su llanto

se lo robaron todo

el cuatro y la bandola.

Valencia, 20 de diciembre de 1.959

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Una respuesta a ALBA EN LA LLANURA

  1. Carlos Rodriguez C dijo:

    Que hermoso este poema. Me lleva a la nostalgia de una aventura que no vivi en mi vida. La del llano de Venezuela. Cuna de mi muy querido abuelo Pedro Rodriguez.

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