CONVERSAS DE UN VIAJE Y UN REGRESO

CONVERSAS DE UN VIAJE Y UN REGRESO

       a Rafael, mi hermano, cuando marché a Caracas para estudiar medicina.

Llanero fui de blusa y alpargatas

de buen caballo y relancino lazo,

fue mucho al toro que volteé las patas

al enérgico impulso de mi brazo.

Domé el potro cerril en las ingratas

soledades del llano, a campo raso,

corté a mi voluntad todas las reatas

y me enfrenté al destino en su regazo.

En las recias faenas fui vaquero

dueño en la dirección de la jornada,

así templé mi alma de llanero

y hombre me hice sin temerle a nada.

Una plácida tarde sabanera

– el recordar me asalta la memoria -,

colgué mi soga en la garabatera

y en pos me fui de un ansia de victoria.

Atónitos quedaron mis amigos

aquellos hombres dignos y sinceros,

de cuyas luchas sólo son testigos

la sabana, los ríos y los luceros.

Volveré, si Dios quiere, es mi anhelo

para ustedes seré lo que yo he sido,

un hermano cordial para el consuelo

y una venda de amor para el sufrido.

Y retorné …recuerdo la mañana

que salí a contemplar la tierra mía,

era mi corazón una campana

con repiques de amor y de alegría.

Corrí a la iglesia a ver La Coromoto

esa Virgen Cospeña que en mi vida,

tiene siempre una lámpara encendida

de fe constante, de filial devoto.

La bien amada de la espera ansiosa

se fue también a misa tempranera,

estaba linda cual botón de rosa

abierto al alba de la primavera.

Subí al Calvario, al cerro de La Cruz

para volver a ver aquel paisaje,

llenaba el sol los campos con su luz

barriendo de la niebla el cortinaje.

Qué sublime emoción, ¡qué honda tristeza!

al divisar los claros sabaneros,

donde mi juventud cobró destreza

al lado de mis viejos compañeros.

Allá cruza El Guanare, majestuoso

entra en el llano con furor salvaje,

sus aguas turbias, de impetuoso oleaje

son de la muerte aliado poderoso.

Por el otro confín, La Portuguesa

río de historia, leyendas y cantares,

fue del Estado la fluvial promesa

perdida con el viento en sus palmares.

Escoltado por selvas primorosas

que abatieron las quemas y labranzas,

al corazón de tierra generosa

llevaba sus mensaje de esperanzas.

Hoy, agotado, triste, quejumbroso

añora la estruendosa algarabía,

cuando el vapor Guanare, victorioso,

fondeó en Los Albaricos un buen día.

¿Quién el autor de hazaña semejante,

cuyo nombre es portal de la grandeza,

de aquel Guanare señorial, pujante,

forja de hombres de una sola pieza?

Don Fernando Delgado, empresario,

comerciante, criador, hombre de mundo,

amó a su pueblo con amor profundo

y del progreso fue su legionario.

    

Trajo en su barco numerosas cosas

que parecen dormir en cruel olvido,

animales distintos, plantas preciosas

y el primer Cebú que hemos conocido.

    

Plasmado con la buena levadura

cuando el destino le cambió la suerte,

no sintió el rencor ni la amargura

que en el débil de espíritu se advierte.

    

Sus amigos, sus hijos, el hogar…

Doña Socorro, flor de la hidalguía,

– Dios se la  dio por noble compañía – ,

le hicieron sus tristezas olvidar.

    

Gratitud y justicia para él:

pongamos a vivir en plaza hermosa,

al viejito de la barba undosa

que fue de todos amigo fiel.

      

   Valencia, marzo de 1.965

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