A …

                        A …

    Suave y gentil como ninguna, adoro
    tu fresco cuerpecito en primavera
    que calienta al amor con su tesoro
    de inefables caricias lisonjeras.
   
    La canción vuela a ti, con alas de oro,
    como vuela el enjambre a la pradera
    bajo el ambiente matinal, sonoro,
    buscando néctar que acendrar pudiera.
   
    La canción vuela a ti, tierna señora
    de las dulzuras y los abriles años;
    porque solo tu alma soñadora,
    vaso de miel bañado en luz de aurora,
    me hace olvidar traición y desengaños
    y el dolor pertinaz que me devora…

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