Artículo Diario El Impulso del 8 de mayo de 2011 por Violeta Villar Liste

La poesía del campo de Pedro Rodríguez Ortiz

Nació en el estado Portuguesa pero fue muy  querido en el estado Lara.

Médico y docente de amplia trayectoria pública, su hijo Carlos Rodríguez Falcón se dio a la tarea de recopilar en texto inédito, la obra poética de su padre ya fallecido, homenaje a la tierra primera, a los amores y a la vida sencilla.

La poesía es un estado de la sensibilidad. ¿Cuándo y quién escoge ser poeta? Ningún manual o tratado ha logrado conseguir con la respuesta objetiva, entre otras razones,  porque el espíritu es un inquieto difícil de domesticar.

El doctor Pedro Rodríguez Ortiz (1895-1979) integra esa familia de pensadores científicos para quienes la poesía fue siempre una necesidad vital.

Sus méritos en la vida pública tienen amplio registro en los archivos de la memoria colectiva e institucional: nació en Guanare (estado Portuguesa), pero Lara conoció su preocupación de médico y hombre al servicio de las causas nobles.

Se formó enla Universidad Centralde Venezuela y en esta casa del saber obtuvo su título de Ciencias Médicas y Médico Cirujano.

Su nombre formó parte del equipo responsable de reorganizar el antiguo Hospital deLa Caridad(actual sede del Museo de Barquisimeto) para lograr el perfil de lo que luego sería el Hospital Central Antonio María Pineda.

De igual modo fue fundador dela Clínica AcostaOrtiz de Barquisimeto.

Su pasión porla Medicinano lo alejó de la misión de servir.

De esta manera asumió la gobernación del estado Portuguesa y estuvo al frente del concejo municipal de Barquisimeto.

Otras sensibilidades hacen historia en su vida profesional: ejerció como docente de Química, Biología, Zoología y Botánica en la capital del estado Lara, sin dejar de lado el oficio médico.

Pero a lo largo de toda esta vida la poesía palpitó en su otredad.  Su hijo, Carlos Rodríguez Falcón, tiene el mérito de haber colocado en limpio, en texto inédito, la historia literaria de su padre.

Este libro sólo publicado en el entusiasmo de quienes conocieron su amor hacia la letra sensible, tiene nombre: Poesía del campo. Recoge sus versos más antiguos (desde el año 1913) e incluso en su calidad de bachiller, palabras emotivas por la trágica muerte del Dr. José Gregorio Hernández, el santo de la devoción venezolana.

De uno a otro verso

Sus primeros cantos nacen del contacto con el paisaje llanero y expresan su admiración hacia los elementos sencillos del campo, los modos y costumbres de quienes hacen suya la labor de la tierra.

Así en texto fundacional publicado en 1913 (Sabanas de Los Robles, Portuguesa), recoge este sentimiento:

Compadre Ramón Pereira:

los toros del claro Hereira

tienen muy mala intención.

Cuando muevan el rebaño

cojan la costa del caño

y denles una lección.

El barcino es altanero,

muy peligroso y ligero como una cascabel.

Se lo dejan a Paulino

que es un lazo relancino

en su caballo Clavel.

 

Los toros del claro Hereira

En esta etapa también hay una poesía de clara orientación amorosa. Es un verso que madura al calor de las grandes pasiones de todo creador:

Y como el mar, mi corazón se agita

lleno de angustias, dolor, besando,

con fervorosa adoración bendita,

tus recuerdos… Y, desde mi retiro,

en tu amargura y soledad pensando

vuela mi alma a ti, como un suspiro.

En Alta mar. Caracas, 1920.

Hacia el año 1934, sus versos maduran y expresan otras sonoridades. El llano perdura como el eterno protagonista de sus líneas:

Aquí una orejana mancornada; mas allá el novillo semiahorcado cae;

y en la costa del caño, preso en el hábil lazo del soguero,

mugiente, enfurecido, tonante  Júpiter del llano adentro,

terror de la llanura sempiterna, indócil a la fuerza y a la maña,

el toro cimarrón,

al que sólo acarician las verdes ramas de la selva llana y el gavilán chillón,

largo bramido de iracundia lanza cuando lo echan al suelo de un tirón.

La cimarronera. Diciembre, 1934

Las estaciones, la sonrisa de una dama en su primavera, los recuerdos familiares y el silencio de una hoja en su meditar, le roban la inspiración y produce versos vitales.  

Tratado de anatomía

El inicio del siglo XX venezolano es una fiesta de estilos literarios. Conviven el modernismo, el costumbrismo, el criollismo y otras tendencias que hablan de las búsquedas de la escritura local.

El docente e investigador Joaquín Marta Sosa, en el estudio preliminar de su libro, Poetas y poéticas de Venezuela (antología 1876-2002), Bartleby Editores, sostiene que la poesía escrita en Venezuela está profundamente prendida al país, bien sea por sus cosmografías espirituales y memoriosas, por sus testimoniales sentimentales o por su confesionalidad -comprometedora  y, con frecuencia comprometida, por la lengua que determinadas poéticas recuperan o, en varios casos de enorme valía, gracias a la construcción de territorios como espacios de lo absoluto.

Esta referencia permite comprender  el fino giro humorístico del doctor Pedro Rodríguez Ortiz, quien, en verso a dos manos con el también doctor Pedro González Rincones, logra el denominado Remenbruncio es- quemático y jocundo de anatomía, dígase, exquisito tratado del cuerpo humano y sus consabidos huesos, en rimas que si bien puede desechar la literatura, es casi segura su aplaudida incorporación a los tratados de Anatomía:

Son doscientos seis los huesos

de que consta el esqueleto.

Pegados a la columna

en segmentos van dispuestos.

Regadas van estas piezas

veintidós en la cabeza,

y en el temporal metidos

hay tres huesos del oído.

Treinta y una las canillas,

veinticuatro las costillas;

ante estas forma un plastón,

uno solo, el esternón.

La esencia del verso

Invocación a la madre, a la amada, a Jesús, a los hijos, a la espiritualidad, son temas originados de un intenso observar y meditar. No es otra la esencia del verso, si bien demanda el trabajo paciente del artesano, para quien labrar la palabra es un acto de vida:

Caminitos de mi tierra

por donde juntos anduvimos;

dile a mi madre me espere,

dile a mi padre lo mismo.

Caminitos olorosos

a mastranto sabanero,

cuantos recuerdos dichosos

das al corazón llanero.

Elegía de Caminos, escrito en 1938.

Sus responsabilidades en la vida pública y privada nunca lo apartaron de su inclinación poética. Esta certeza se mide en esta cuidada colección de escritos. De hecho, en el año 1959, teje y desteje con sobrada maestría, los versos de su Alba en la llanura,texto en el cual habitan los ecos de sus primeras coplas con giros propios de una escritura ya madura:

En el clarín de gallo apunta el día,

llena la casa matinal frescura,

alzada en un rincón de la llanura

a la costa de un caño,

que parte con su sierra de arbolado

en dos ricos pedazos, la fúlgida

esmeralda de los pastos.

Comienza a despertarse la peonada

saltando alegre de sus colgaderas,

entre risas y burlas,

presintiendo la próxima jornada.

Cantada con mordiente picardía

una copla revienta en la quesera,

es Ramón despechado por María,

fruta en sazón que envidia pasajera.

El llano, sus faenas, personajes y circunstancias, constituyen elementos conectores en las diferentes etapas de su escritura.

En 1945, en Barquisimeto, produce su Romance del hermano muerto, en homenaje a su hermano Carlos, quien pierde la vida en el río Portuguesa.

Es una invocación desde el dolor pero también de la admiración:

En tu caballo alazano

-alas, escudo y ariete,

canoa y capa en la hora

del peligro que acomete-

eras símbolo genuino

de hombre que el llano acuna

en su avaro corazón,

seda y armiño por dentro,

por fuera la reciedumbre,

la dignidad del varón.

Veredas y pajonales

en vano esperan tus coplas;

en el silencio enredadas

quedaron como aves muertas,

como se quedan las cosas

en las sabanas desiertas…

(…)Hermano, tú lo sabías…

en nuestra tierra de encanto

tiene veneno el mastranto…

jinete, caballo y soga

viven dibujando el mapa

de inauditas aventuras,

de las leyendas que pasan

como huracán por la altura,

de la tragedia que marca

con negra cruz la llanura…

Corazón lleno de llanto

corazón triste, tan mío;

¡cómo lloran los luceros

sobre las aguas del río!

De la vida se despidió el médico y  poeta el 11 de diciembre de 1979. Dejó la estela de una existencia de servicio al otro, pero ante todo, el valor de unos versos arrebatados al olvido para triunfo y persistencia de la memoria.

Palabras para José Gregorio

El doctor Pedro Rodríguez Ortiz fue alumno de José Gregorio Hernández, médico, venerable porla Iglesiacatólica pero ya santo en la religiosidad venezolana.

Al morir de manera trágica en el año 1919, sus estudiantes de Medicina dela UCV, organizan una sesión solemne. Las palabras le corresponderán al bachiller Rodríguez Ortiz, quien, entre otros versos, declamará los mejores de su inspiración:

“¡Oh maestro!, desde el tugurio desmantelado donde el hambre y la miseria se abrazan a la humanidad doliente, hasta los salones aristocráticos donde se revuelca el galgo blanco del placer y la alegría, sollozan bajo la pesadumbre de tu ausencia. Ya no irás, como en mejores días, sobre tu frente la blanca aureola del saber y en tus manos la sustancia salvadora, a consolar el dolor de los que sufren. Ya no irás con tu palabra evangélica, llena de energía y de entusiasmo, a fortalecer nuestros corazones y ha inculcarnos, como sabio ductor, esa honradez ínclita que debe regir la vida de todo profesional.

Ya duermes el sueño interminable…”

Violeta Villar Liste

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