Audio de Pedro Rodríguez Ortiz recitando Alba en la llanura, Evocacion fraterna y Croquis

El Dr. Pedro Rodríguez Ortiz recitando Alba en la llanura, luego Evocación  fraterna y Croquis, fue grabado por Antonio Rodríguez Palacios en Barquisimeto, el 10 de mayo de 1965.

Este audio fue cedido por Carlos Rodríguez Dorante, hijo de Antonio Rodríguez Palacios.

ALBA EN LA LLANURA

En el clarín de gallo apunta el día,

llena la casa matinal frescura,

alzada en un rincón de la llanura

a la margen de un caño,

que corta con su sierra de arbolado

en dos ricos pedazos, la fúlgida

esmeralda de los pastos.

A la izquierda Pedro Rodriguez Ortiz, a la derecha su hermano Rafael Rodriguez Ortiz, foto del 10 de mayo de 1965 cuando se grabo este audio, sitio Barquisimeto en casa de Antonio Rodriguez Palacios (el mocho

Comienza a despertarse la peonada

saltando alegre de las colgaduras,

entre chanzas y risas,

que uno y otro se dicen presintiendo la jornada.

En pocillos de peltre, humeante, oloroso,

su aroma esparce el café colado;

mientras la silla, sobre el recio lomo

de la bestia asegura el correaje.

Cantada con mordiente picardía

una copla revienta en la quesera,

es Ramón despechado por María,

fruta en sazón que envidia pajarera.

Colgando de la rústica coraza,

como estrella de vividos reflejos

brilla la soga, astutamente lista

como serpiente al salto y la picada;

pero más brillará, será más bella,

cuando su lazo corredizo aprete

la media testa de lustrosos rizos,

de aquel negro orejano

que en sus andanzas de Don Juan campestre,

topamos una noche fría y oscura

en el paso del Duende del Totumo;

y fue tan grande el susto,

que la piel como erizo se nos puso

creyendo ver del diablo la figura.

Cordel de cuero crudo retorcido

gala del habitante de los llanos,

arma precisa en el certero brazo

del peón sin miedo que engendró el coraje.

Vamos a Roblalito, – dice uno -,

de tez morena y arrugado ceño,

es caporal sin sueldo de dos hatos,

desde que era pequeño

conoce de esta vida los mandatos;

bebe agua en su cacho,

de la misma que bebe su caballo;

porque afirma, lo dice con orgullo,

en eso de retar siempre al peligro,

hombre y caballo son en esta tierra un solo corazón…

De suaves tintes va tiñendo el alba

el techo azul que cubre la sabana:

Allá van los vaqueros, rumbo abajo;

las coplas como garzas van soltando:

unas blancas, otras rojas, otras grises;

pero en los ecos que nos van llegando

tiembla el dolor del hombre sin cansancio

que ama y sufre, pero nunca llora,

porque al nacer su llanto

se lo robaron todo

el cuatro y la bandola.

Valencia, 20 de diciembre de 1.959

EVOCACIÓN FRATERNA

a mi amigo Don Pepe Sereno                                                   

Mata de Matías Campero

toldo del peón sabanero,

donde el recuerdo enterramos

de tanto macho llanero,

que nunca estuvo zaguero

a la hora santa del vamos.

Víctor Ramón, Benjamín,

“Tacoa” y Carlos Martín;

cuatro valores sin precio,

cuatro estampas de energía,

cuyos nombres, noche y día,

son un reto a tanto necio.

No hay rincón de la llanura

ni selva cuya espesura

no hayan sentido los pasos

de sus caballos vaqueros,

¡Cómo adornaron sus lazos

la testa de toros fieros!

Ramón Pereira, te evoco

cuando miro el mundo loco

de estos llaneros sin miaja.

¡Qué hombre de tu linaje

se atrevió a ceñir tu faja

cuándo sudabas coraje!

Ríos, sabanas y caños

mirarán pasar los años

esperando a tu rival…

Dicen que han visto al Capino

cruzar con paso cansino

las aguas de Mijagual…

El Alambre y El Potrero,

Los Loros, cerro Gilero,

la mesa de Los Taparos,

ya no tiemblan de emoción:

las garzas y tarotaros

huyeron de esa región.

Y por el Rancho Quemado,

donde se rodea el ganado,

la gente cree escuchar

los trotes de tu caballo

cuando por el mes de mayo

comienza el cielo a llorar…

Valencia, 02 de mayo de 1.962

 CROQUIS

Sabana… sabana… aridez ….desierto….
un sol que atomiza la naturaleza;
unas vacas flacas que rondan zamuros
– matas de tristeza que plantó el verano
en las manchas pardas de los paraderos -.

Su sonrisa blanca muestra un carapacho
bajo el esqueleto de los chaparrales
que al cielo levantan sus brazos torcidos,
mostrando la angustia con que el fuego fiero
destrozó sus carnes y quemó sus nidos.

Cantando a lo lejos, se escucha un vaquero,
su cantar me llena de gran pesadumbre,
ese cantar hondo, de dulce quejumbre.
Sabana… sabana… aridez ….desierto….
¡donde hasta lo vivo parece estar muerto!

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